lunes, 14 de febrero de 2011

Pizza de bacon y calabaza

Hace unos meses descubrí un pequeño sitio en la calle del Barco llamado pizza al cuadrado que sirve trozos de pizza al peso para tomar en la barra o para llevar. Lo bueno es que suelen tener unos 5 tipos de pizza y puedes coger un trozo de cada uno. Lo malo es que la barra es un poco justa y no hay baños, con lo cual yo siempre acabo comiendome la pizza por la calle de vuelta a casa, que no es tarea fácil si hay que hacer equilibrios con la caja, la botella de agua, la servilleta y la pizza calentita.

Aún así estas pizzas tienen un efecto hipnótico sobre mí: me apetecen a todas horas, así que ultimamente acabo visitándoles un domingo sí y otro también  y el pasado descubrí que por fin han habilitado otro local con mesas para evitar ir dejando rastro a base de tomatitos cherry de camino a casa a lo Hansel y Gretel. Las pizzas a simple vista tienen pinta de tener una masa gorda y blandurria, pero están crujientes por debajo y tienen la suficiente masa para aguantar los ingredientes que llevan encima que son el punto fuerte: prosciutto con champiñones con una salsa de trufa, calabaza con panceta, etc.







Obviamente en cuanto probé la que llevaba el aceite de trufa pensé: ya está, he encontrado la madre de todas las pizzas, la gente cuando venga a casa me va a pedir que les adopte!! El problema está en el dichoso aceite de trufa. Una botellita pequeña que encontré eran 15 euros y la verdad es que la economía no está como para esas alegrías, así que dejé aparcada momentáneamente la idea...

Hasta el fin de semana pasado que volví a probar la de calabaza y decidí que ya era hora de hacer una pizza original, así que compré calabaza en el supermercado (algo que yo creía que los españoles no comprábamos ni para hacer decoraciones de halloween, pero que parece que cada día se ve más) y me puse manos a la obra. La receta de la masa es esta y lo suyo es hacer una buena cantidad, dividirla en varias bolas y congelarlas para cuando hagan falta.


La calabaza que compré la corté en daditos, la puse en una bandeja de horno y la cociné a unos 200º hasta que se quedó blanda y con algún borde tostado, con algo de sal, pimienta, un chorrito de aceite, algún trozo de bacon y dos dientes de ajo enteros. Esta receta la verdad es que merece la pena aunque solo sea por lo bien que huele la cocina cuando esto está en el horno.

Cuando estuvo todo hecho lo trituré et voilá: crema de calabaza (o eso creo porque la verdad es que hice lo que me pareció sin seguir ninguna receta). La consistencia es perfecta para la pizza, ya que queda como una salsa de tomate muy espesa. Además al echarle el bacon y el ajo se equilibra un poco el dulzor de la calabaza, que si no puede ser algo excesivo. Obviamente hice para más de un día porque la media calabaza que compré era bastante hermosa, aún siendo de las alargadas que son más pequeñas.

Para montar la pizza esparcí la crema de calabaza sobre la masa extendida, añadí algo de mozzarella por encima y finalmente el bacon. Como mis rodajas de bacon eran algo más gordas que las que usan ellos decidí cortarlo en trocitos y saltearlo un poco antes para asegurarme de que el bacon estuviese hecho al mismo tiempo que la masa de la pizza.

El resultado: un éxito total, es una pizza muy sabrosa, con el buen sabor que le da el bacon a todo, pero también con un toque un poco dulce por la crema de calabaza. La pimienta en la crema de calabaza es imprescindible para darle un puntito picante al final. De hecho nos gustó tanto que voy a repetir mañana con la crema que sobró.

Tengo que hacer algo con las fotos de las recetas saladas, pero esto de esperar para comerla recién salida del horno se me sigue haciendo un poco cuesta arriba, así que a ver si cuando la haga mañana tengo más paciencia y consigo algo mejor.



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