jueves, 18 de agosto de 2011

Tartaletas rústicas de frambuesa y lima

Tengo el blog completamente abandonado y ¡¡esto no puede ser!!. Parece que cuando te metes en una rutina es difícil salir: hay rachas que estás venga a hacer recetas nuevas, venga a meter entradas nuevas, con lo cual desayunas, comes, meriendas y cenas algo de cosecha propia. Llega el verano y la cosa cambia: dejas de hacer cosas, te da más pereza estar en casa cuando puedes hacer planes, te vas los fines de semana...y un mes después te fijas y no has metido ninguna receta nueva...



Si por alguna casualidad cocinas algo, o no le haces fotos, o te da pereza sentarte en el cuarto pequeño en el que está el ordenador, cuya temperatura media suele rondar los 45º… Que digo yo, ¿somos tontos o somos tontos? ¿Dónde metemos el ordenador? Pues en el cuarto más pequeño con menos ventilación de la casa, a pesar de que los ordenadores ¡calientan más que un radiador!





Hoy como me toca lavarme el pelo (lo digo como si lo hiciese una vez al mes) he decidido sudar todo lo que haya que sudar antes de la ducha y enfrentarme al temido combo (horno+ordenador).
La razón de enfrentarme a este combo son unas tartaletas de mi libro-musa. Están dentro del capítulo de la harina de maíz, que es de las más fáciles de encontrar. Desde que me compré el libro, voy como loca por los pasillos de los supermercados buscando harinas y con la de maíz hubo suerte. La receta pide "cornmeal", que debe ser harina gruesa de maíz, pero como no tenía,  he utilizado harina de maíz para todo. Aunque la autora dice que es normal que la masa se desmenuce fácilmente, yo eché un poco más de nata y de mantequilla porque aquello parecía arenilla y no me acababa de convencer. Otro de los cambios que he tenido que hacer respecto a la receta original es el relleno. El original es una mermelada de ruibarbo con "hibiscus", que en castellano debe ser hibisco o algo así. Como con este calor una no está como para florituras y peregrinajes en busca del ingrediente perdido, he optado por algo más sencillito. Las frambuesas estaban tiradas de precio y tenía una lima por ahí rodando, así que el relleno son dos tarrinas de frambuesas con el zumo y la corteza rayada de la lima y azúcar al gusto del consumidor.

Un día después: las he probado y ¡me ha encantado! La masa está que se deshace, las frambuesas siguen jugositas y la lima le da un toque especial...







Rustic Raspberry and Lime Tarts


Para la masa

116gr harina de maíz
116gr harina corriente
58gr "cornmeal"
50gr azúcar
1/2 cucharadita de sal
58gr mantequilla
1 yema de huevo
50gr nata


Para el relleno

2 tarrinas de frambuesas
1 lima
azúcar al gusto


1.Tamizar los ingredientes secos sobre un bol.
2. Añadir la mantequilla en trozos y mezclar hasta que quede como arena. Añadir la nata y la yema de huevo y mezclar hasta que quede incorporado. Aquí es donde he echado algo más de mantequilla y nata hasta que tenía la consistencia que me gustaba.
3. Coger bolas de masa y aplanarlas con la mano hasta conseguir círculos de masa finos.
4. Mezclar las frambuesas con el azúcar, el zumo de lima y la corteza de la lima rayada.
5. Colocar las frambuesas en el centro de cada círculo de masa, espolvorear con un poco de azúcar y cerrar los círculos intentando meter y sacar los bordes alternativamente al cerrar las tartaletas. La masa se rompe a veces, pero no pasa nada.
6. Guardar en la nevera durante al menos una hora.
7. Pasado ese tiempo hornear en horno precalentado a 180ºC hasta que la masa quede dorada.



lunes, 25 de julio de 2011

Trifle

Whole Kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de julio nos invita a preparar un postre clásico británico: el trifle.







A pesar de haber visto unas cuantas recetas de trifle y ser una anglófila empedernida, nunca había intentado hacer un trifle. Y mira que Nigella hace trifles y pavlovas PARA TODO. De hecho los trifles que hace me parecen una locura: coge una "copa" del tamaño de un campo de fútbol y empieza a rellenarlo y a rellenarlo: que si bizcochos, que si mermelada, que si licor, que si fruta, que si nata, que si frutos secos. Hay veces que hasta yo me empacho solo de verlo....vamos, que para cuando acaba con la copa, tiene que llamar al tio de las mudanzas para que se la meta en la nevera. Esa es otra, esta mujer debe quitar todas las baldas de la nevera para que quepa semejante mastodonte, porque en el espacio que tengo yo entre balda y balda no cabe ni su capa de bizcochos.






Aún así, tengo que decir que semejantes mastodontes llaman la atención, aunque lo de la nata encima del "custard" no me acaba de convencer... El problema es que en verano te apetece más ir a la piscina o andar por ahí que ponerte a hacer el bizcocho, el custard y toda la historia, así que una se adapta a los tiempos y, como la maestra, Nigella, hoy me he decantado por un trifle facilón. He hecho el bizcocho, porque para poner bizcochos comprados y ahorrarte el paso (que tampoco es que me haga mucha ilusión) hay que tenerlos y la verdad es que tardo menos en hacer un victoria sponge que en bajar al super. El resto del trifle es un apaño de lo que tenía en casa y de lo que creo que le puede ir bien: zumo de naranja para mojar los bizcochos (no tengo Grand Marnier en el armario...), galletas "digestive" desmigajadas para dar algo de textura y en lugar del tradicional custard, una mezcla de queso crema, nata y azúcar. Vamos, que el postre de hoy es el hijo bastardo que tendrían un trifle y un cheesecake en un mundo sin boles de trifle.











Raspberry and Orange Trifle


Para el bizcocho

112gr harina
112gr azúcar
112gr mantequilla a temperatura ambiente
1 cucharaditas de levadura en polvo
1/2 cucharadita de extracto de vainilla
2 huevos
1-2 cucharadas de leche entera.



1. Precalentar el horno a 180ºC y engrasar el molde.
2. Echar todos los ingredientes, excepto la leche en el "food processor" y mezclar. Añadir la leche y volver a mezclar.
3. Dividir la masa entre los dos moldes y cocer durante unos 25 minutos, hasta que un palillo que insertemos en el centro salga limpio.

Para la crema de queso

300gr queso philadelphia
150gr azúcar glas
125ml nata

1. Mezclar el queso y el azúcar hasta que queden bien mezclados. Montar la nata.
2. Incorporar la nata montada a la mezcla del queso y mezclar


Montaje:

el zumo de dos naranjas
dos tarrinas de frambuesas
unas 4 galletas "digestive"

1. Cortar el bizcocho en trozos y colocar en el fondo del plato. Añadir el zumo de dos naranjas hasta empapar los bizcochos.
2. Desmenuzar unas 4-6 galletas "digestive" y colocar encima de los bizcochos húmedos.
3. Cubrir con la crema de queso y las frambuesas.


miércoles, 6 de julio de 2011

Un bizcocho de aceite de oliva y romero y mi nueva obsesión

Para no ser médico mi madre me diagnosticó bien pronto el síndrome de la unidireccionalidad. También tengo el de la procrastinación y alguno más, pero hoy el que nos ocupa es el primero. Probablemente por no ser médico en lugar de plantearlo así, su forma de plantearlo siempre ha sido: "hija mía, cuando te da por una cosa, te da y del resto de cosas pasas". Pues sí, mamá, la niña te salió unidireccional. Por eso cuando vi que cierta bloguera hablaba maravillas de un cierto libro, que otra más se subía al carro de la adoración y que no eran las únicas, decidí enterarme de qué tenía este libro que a todas volvía locas. ¿Y qué mejor forma de enterarme que recurrir a mi querido amazon uk y la tarjeta de crédito? Que conste que incluyendo este libro solo me he comprado 6 libros de cocina, así que se puede decir que me lo pienso. Si no me lo pensase y comprase todos los que me llaman un poquito la atención no habría casa dónde meterlos...






De hecho el sentido de culpabilidad me ha llevado a comprarme algunos de segunda mano. Lo probé con novelas por 1 penique y 2 y pico pounds de gastos de envío y tan encantada estaba, que probé con uno de cocina. El problema es que no es lo mismo una novela que un libro de cocina. Por eso el día que abrí uno todo emocionada (los niños el 25 de diciembre comparados conmigo cuando recibo un paquete de amazon parece que están con antidepresivos) y tuve que tirarme dos horas despegando páginas pegadas, la alegría se convirtió en...otra cosa.




Volviendo al libro: ¿qué necesita cualquiera que quiera hacer galletas/bizcochos, etc casi todos los días del año? (aparte de un psiquiatra).Una colección de recetas "sanas", pero con chicha. Con chicha me refiero a que estén buenas, que no estén muy vistas y que tengan sabores distintos a los que estamos acostumbrados. Y cuando digo sanas, no me refiero a que no engorden porque eso es imposible, pero a que utilicen ingredientes que nos van mejor porque tienen más proteínas o se digieran mejor, o algo que haga que conservemos el placer de comer una magdalena, eliminando el dichoso sentido de culpabilidad.






Eso es lo que es este libro. Además es uno de esos libros que más que una colección de recetas parece que transmite una filosofía, una nueva forma de hacer las cosas. Está dividido en varios capítulos, cada uno corresponde a una harina distinta que viene de un cereal distinto y en cada capítulo hay recetas de pancakes, galletas, bizcochos, etc. Como dicen en la reseña del libro y en las distintas recomendaciones: no es un "libro sano" de estos que tienen recetas sin gracia y sin sabor. Son recetas desarrolladas por una antigua "pastry chef" que cuenta cómo ella misma se ha ido dando cuenta de que utilizar estos ingredientes menos comunes puede hacer que un muffin tenga un sabor mas interesante que uno hecho a base de harina corriente simplemente, además de ser más sano.





Solo os digo que me llegó el lunes por la noche y ayer ya hice este bizcocho de aceite de oliva, romero y chocolate. El lunes solo me dio tiempo a hacer el ritual de cada libro nuevo que me llega: me abstraigo del mundo y primero paso las hojas viendo todas las fotos. En ese momento ya surgen los primeros enamoramientos. Luego lo leo de cabo a rabo: desde el prólogo, las reseñas,  hasta las listas de ingredientes de cada receta. Por eso cuando iba ayer medio dormida en la ruta volviendo de trabajar, ya iba pensando en el bizcocho que quería hacer: uno de aceite de oliva y romero. El problema es que no tenía la harina de espelta que pide la receta, pero por no esperar, la sustituí por harina integral. Sí, llevo media hora que si harina no convencional por aquí, harina especial por allá, que si que maravilla y voy y ¡no hago la receta tal cual aparece!. Pero a ver quien tiene todos estos ingredientes en casa, "por si acaso"... Así que los deberes para hoy o mañana son hacer la peregrinación pertinente con la lista de las harinas para ver dónde las encuentro, no sin antes echar mano del "word reference", porque si sabiendo el nombre en español me va a costar encontrarlas, como vaya con los nombres en inglés...Ya os diré qué tal la búsqueda y volveré a hacer el bizcocho, esta vez con la harina de espelta.






Este bizcocho no es para todo el mundo: es un bizcocho especial porque sabe de verdad a aceite de oliva y a romero. Como además se le añade sal a la masa, tiene ese punto salado cada vez que te encuentras con un cristalito de sal. A mí personalmente, a pesar de la harina y de usar romero seco en lugar de fresco, me ha gustado mucho, así que imagino que haciéndolo en condiciones debe ser una pasada. Además es bizcocho de desayuno: no es denso, pero es consistente, así que espero que lo probéis. Y si la búsqueda de la harina resulta compleja, que sepais que con harina integral está buenísimo. Por cierto, además ¡es facílisimo de hacer!











domingo, 3 de julio de 2011

Un descubrimiento

La receta de hoy es una adaptación de esta receta que vi en el blog 101 cookbooks el otro día. Más que una adaptación es un plato hecho por libre a partir de esa inspiración, y estoy encantada con él. Quería hacer algo fácil que pudiese hacerse de un día para otro. Así al llegar a casa, con encender el horno y meter la bandeja preparada, en 20 minutos tenemos la comida. Sí, hay que encender el horno, pero una no puede dejar al amor de su vida solo porque las cosas se pongan un poco feas y empiece a hacer 40 grados. Además nadie te obliga a estar pegada al horno absorbiendo el calor: él hace lo suyo y tú mientras te puedes tumbar tranquilamente a leer un rato o a ver la tele.





Llevo tiempo queriendo hacer más recetas saladas, pero entre lo que me cuesta hacer la foto sin meter mano al plato y que lo poco que hago, lo hago a ojo y ni peso ni mido ni nada, al final siempre acabo poniendo menos de las que me gustaría. Además las pocas que pongo me parecen un poco chapuza: las recetas son en plan: echa un puñado o una pizca y yo soy de las primeras que se burla cuando leo una receta y veo "un puñado" porque es algo un poco relativo: vamos que si se pone LeBron James a hacer la misma receta que una amiga mía japonesa que tiene las manos más pequeñitas que he visto, no creo que les vaya a salir igual... Pero al final muchas cosas son a gusto del consumidor, así que poner 2 gr de sal también me parece un poco ridículo...






También tengo que mejorar las fotos, porque con lo ansiosa que soy me cuesta la vida no comer mientras hago la foto. Para que os hagáis una idea yo soy de las que saca la jarra de agua, los platos y los cubiertos cuando el repartidor de comida a domicilio llama al portal y hasta me siento a la mesa, para que cuando llegue ya esté todo preparado. Solo me falta estar atenta a la mirilla y abrir antes de que llame a la puerta. Eso prometo que TODAVÍA no lo hago... A pesar de lo chapucero de las recetas y las fotos os aseguro que esto está de muerte y lo puede hacer hasta alguien que no haya pisado nunca una cocina. Yo lo voy a repetir seguro, así que espero que lo probéis, también a vuestra manera. Y si encontráis caracolas tan chulas como las de mi "plato musa", que me lo digáis porque las mías parecen la hermana fea (pero más simpática).






Conchas rellenas de ricotta, albahaca y parmesano con salsa de tomate, ajo y guindilla


 Para 4 personas:

 250gr caracolas
 un bote de tomate pelado (de los grandes: 780gr)
 unos 4 dientes de ajo
 una tarrina de ricotta - creo que eran 250gr
 algunas hojas de albahaca
 parmesano recién rallado
 una guindilla
 sal
 azúcar
 pimienta
 aceite de oliva


Para la salsa de tomate

1. En una cazuela poner un chorrito de aceite y rehogar los dientes de ajo a fuego lento. Yo los corté en trozos grandes para quitarlos luego, pero también se pueden echar en trozos pequeños.
2. Cuando los ajos tengan algo de color, añadir el tomate de la lata, salpimentar, añadir guindilla al gusto y algo de azúcar para contrarrestar la acidez del tomate. Cocinar a fuego medio-alto aplastando los tomates con un tenedor.
3. Reducir hasta conseguir la consistencia deseada (esto también me parece cuestión de gustos).


Para el relleno

1. Mezclar la ricotta con las hojas cortadas de albahaca, pimienta, sal y parmesano. Para la cantidad de parmesano yo creo que lo mejor es ir probando. Os puedo decir un puñado, y que cada cual use el puñado que necesite para llegar a la mezcla perfecta.


Montaje

1. Cocer la pasta en agua con sal algo menos de lo que indique el paquete para que quede al dente. Escurrir, habiendo pasado antes por agua fría para poder rellenarlas antes de que se queden duras.
2. Rellenar las conchas con el relleno.
3. En la bandeja en la que se vayan a hornear, poner la mitad de la salsa de tomate, colocar las caracolas rellenas y el resto de la salsa de tomate por encima.
4. Introducir en horno precalentado a 180ºC, habiendo cubierto la bandeja con papel albal. Descubrir pasados 15 minutos y dejar hornear otros 15 minutos.
5. Sacar del horno y añadir parmesano rallado.







miércoles, 29 de junio de 2011

La cura contra el calor

He llegado a la conclusión de que soy masoquista - pero bien. Trabajando de 7 de la mañana a 3 de la tarde donde Cristo perdió el zapato - o lo que perdiese, que nunca me aclaro- y teniendo un paseito desde la parada de la ruta hasta casa, estos días llego axfisiada. ¡Hasta se me quita el hambre!. Ese es uno de los pocos efectos secundarios del verano que agradezco: ya no tengo hambre cada, como mucho, dos horas. Además de no tener hambre, cuando la tienes solo te apetecen cosas fresquitas. Aún así, no sé cómo ayer me veo a las 7 de la tarde en la cocina, sudando a todo sudar, preparando una pasta al horno para el día siguiente, consciente de que al día siguiente al llegar me va a apetecer, como mucho, una ensalada. ¿Es masoquismo o es el hecho de tener un blog y no querer hacer diariamente fotos de un plato con lechuga?.






Sea como fuera todos los día me digo a mi misma: queda clausurada la temporada de horno, por lo menos por las tardes, que para horno ya tengo con salir a la calle, y no sé cómo al final veo algo en algún blog o en algún libro que me llama la atención y ¡vuelta a los sudores!. Y pensar que la gente paga por ir a las saunas cuando tienen una en casa...es algo que nunca entenderé. Por eso hoy haré unas galletas que vi ayer aquí, pero mientras tanto os dejo con unas fotitos de lo que realmente se "cuece" o más bien "no cuece" en la cocina estos días: los smoothies - me apetecen a TODAS HORAS y les puedes echar lo que quieras. Es curioso porque en invierno que solo hay manzanas y peras, comer fruta me da un poco de pereza, pero es llegar el buen tiempo y me convierto en brontosaurus  y consumo fruta a cantidades industriales. De hecho con los smoothies me pasa como con el colorete: empiezo con una cantidad razonable y cada día voy echando más y más hasta que, en el caso del smoothie he llenado el vaso de mi querido minipimer y, en el caso del colorete parezco una muñeca pepona.






Los smoothies - si es que se llaman así los vasos de fruta licuada- los hago siempre con zumo de naranja y plátano que le da un toque más consistente y suave. El resto de ingredientes dependen de lo que tenga en la nevera: hace unas semanas eran fresas, hoy han sido una pera y un paraguayo (nunca me ha quedado muy claro si se dice paraguayo o paraguaya...). Con esto, el biquini, la toalla y algún libro "chorras" y la piscina, aunque sea solo por las tardes, habrá que ir aguantando hasta que lleguen la vacaciones de verdad. En cuanto a los libros, en general soy más de libros de fantasía, ciencia ficción y si son novelas románticas me gustan las de Jane Austen, Elizabeth Gaskell y compañía, pero en verano y en la piscina no hay nada como un libro de los que no te importa mojar y que te acabas en un día, sobre todo éste, del que acaban de sacar la peli y, aunque parezca ridículo decirlo porque no creo que todos los académicos de la lengua se leerían este libro ni en la piscina, ¡es mucho mejor que la película! Lo que me gustó de la película fue la canción del final.




jueves, 23 de junio de 2011

When life gives you lemons...

...make Lemonade!!






El otro día descubrí este blog y me tiré  una hora o así viéndolo y desde entonces siempre estoy metiéndome a ver qué hay nuevo. Lo que más me gusta son los carteles que encuentran (no sé dónde) y que parece que tienen guardados en la recámara para sacarlos a relucir cuando le van al tema de la entrada. Éste me hizo mucha gracia y tienen otro de Milkshake que también he guardado, así que ya tengo excusa para hacer batido algún día.






Después del momento "la lié parda - socorrista de San Sebastián de los Reyes" del otro día, hoy he decidido tomármelo con calma y nada de fotos de bizcochos altos encima de la cama y del único vestido planchado que tenemos - probablemente porque ya no queda ninguno... El otro día le mandé un trozo de la tarta de ruibarbo a mi abuela y se quedó encantada: "es la mejor tarta que has hecho". No sé si lo dijo porque le di un trozo pequeño  en el fondo todos somos de culo veo culo quiero, y si el culo es difícil de conseguir lo queremos más, o si como la pobre está con la dieta baja en sal, pilla los dulces como si fueran agua de mayo.







Por variar un poco, pero siguiendo con los cítricos, hoy he hecho unas barras de limón super fáciles que hice para mi madre hace unos meses para una merendola que tuvo con unas amigas suyas y que fueron un éxito. Me tocó llevárselas, junto con unas galletas de chocolate y unas galletas linzer a la salida del Retiro a todo correr porque, para variar, había esperado al último minuto para hacerlo todo, pero fue llegar allí y verme con la bolsa con los dulces y todas las señoras se pusieron como locas. Parecía que no se creían que una chica de mi edad pudiese querer encerrarse voluntariamente toda la mañana en la cocina para hacer galletas y demás. ¡Qué equivocadas están! Debo ser un bicho raro, porque ando buscando excusas para hacer cosas para el prójimo y no comérmelas todas yo. Entre eso y que para mi edad tengo mi "lado marujo" muy desarrollado, acabaron todas encantadas. Tener tu "lado marujo" muy desarrollado significa que te paras a hablar con el portero, el carnicero, la señora del piso de encima, que no te importa ir a la compra y que te gusta dar de comer al personal. La verdad es que a este paso voy a coger complejo de cebador de cerdos... de hecho el año pasado éramos 3 en un despachito y me dedicaba a llevar el desayuno un día así y otro también. Uno de ellos se metía conmigo y me decía que cuando tuviera niños les iba a chantajear: niño ¡como no te tomes la tarta de chocolate, no te dejo probar las lentejas!







Volviendo al tema de las barras de limón, están buenísimas: la base es una galleta "shortbread" de estas que se derriten en la boca y el relleno es, aunque distinto, parecido al de la tarta merengada de limón en el sentido de que, aunque dulce, sigue teniendo la acidez necesaria del limón y encima queda cremosos y mmm buenísimo. Así que no tenéis excusa para no probarlo: fácil, buenísimo y como la gente parece que no está acostumbrada a los postres de limón, ¡todo el mundo se queda encantado!









Estas son las aportaciones de mi hermana, que es la que ha hecho la limonada, lo cual es todo un triunfo!!!. Se nota que la va más la moda que la cocina....








Lemon Bars

  Base "Shortbread"

 113gr mantequilla a temperatura ambiente
 25gr azúcar glas
 130gr harina
 1/8 cucharadita de sal


  Relleno de Limón

 200gr azúcar
 2 huevos grandes
 80ml zumo de limón
 5gr corteza de limón rallada
 25gr harina
 azúcar glas para espolvorear por encima


 1. Precalentar el horno a 177ºC. Engrasar un molde cuadrado de  20x20cm.
2. Para la base: batir la mantequilla y el azúcar hasta que quede esponjoso. Añadir la harina y la sal y batir hasta que adquiera consistencia de masa.
3. Colocar la masa en el fondo del molde y hornear durante 20 minutos, o hasta que esté ligeramente tostada.
4. Para el relleno: Batir el azúcar y los huevos hasta que quede una mezcla suave. Añadir el zumo y la corteza de limón y mezclar hasta que quede todo combinado. Incorporar la harina y mezclar. Verter el relleno sobre la base cocida y hornear durante 20 minutos, o hasta que el relleno quede cuajado. Retirar del horno y dejar enfriar.

Para servir: cortar en rectángulos y espolvorear azúcar glás por encima. Están mejor el mismo día en el que se hacen, pero cubiertos aguantan en la nevera uno o dos días.